Otra versión de Hansel y Gretel: La ópera
La versión de la ópera es otra opción para tener en cuenta. Para mí es muy hermosa y significativa ya que vi varias veces la ópera y quedé muy impactada. Me parece muy bella y siendo profesora de música siempre me interesó la relación del texto con lo musical, y como queda plasmada en una obra -que según quien la escriba, tanto el texto como la música- puede transformarse en una verdadera obra de arte.
Esta versión es un homenaje a lo tradicional, no sólo desde la música –inspiradas en melodías folklóricas- sino también desde el argumento, da a esta obra un encanto especial, tanto para niños como para aquellos adultos que crecimos acompañados de los inolvidables cuentos de los hermanos Grimm.
La ópera, sin embargo, se diferencia en algunas cosas del cuento en que está inspirada. En ambas versiones, Hansel y Gretel se pierden en el bosque y terminan en las garras de una bruja malvada que pretende comérselos. Pero mientras que en la versión tradicional su madrastra hace grandes méritos para competir en maldad con la bruja; en la ópera, si bien es culpable de sus desgracias, lejos está de ser aquella mujer insensible y odiosa descripta por los hermanos Grimm. Lo es, pero en dosis más tolerable. Devenida en madre biológica, sigue tratando mal a Hansel y a Gretel y es la responsable de su desaparición. Pero no está nunca entre sus planes buscar la manera de deshacerse de ellos, tal como ocurre en el cuento, en el que convence a su marido de que abandone a los niños en el bosque.
En el primer acto, Hansel y Gretel juegan en una choza pobre y pequeña, intentando olvidar por un momento el hambre que sufren cada día. Cantan y bailan hasta rodar por el suelo en medio de risas. En ese momento llega su madre, y se disgusta al no verlos trabajando. Su enojo aumenta cuando, en medio de la discusión, se cae un jarrón de leche al suelo: la única comida que tiene para esa noche.
— ¡Fuera de aquí! ¡Al bosque! — les grita—. ¡A juntar fresas! ¡Y sin holgazanear!
—Y no volváis hasta que la cesta esté bien llena.
El padre de los niños, que en el cuento es un cobarde, en esta nueva versión es otra víctima inocente del mal temperamento de su esposa. El padre soñado por los Grimm cede a los pedidos de su esposa y abandona a Hansel y a Gretel en el bosque. Pero ellos logran encontrar el camino de regreso a casa. Su padre los recibe aliviado, puesto que se ha arrepentido de sus actos y siente cargo de conciencia. Sin embargo, al poco tiempo vuelve a abandonarlos… y vuelve, una vez más, a sentirse arrepentido. En la ópera, por el contrario, este pobre hombre no tiene incidencia alguna en el destino incierto de los niños. Al volver feliz del pueblo con una bolsa llena de comida, se encuentra con la noticia de que faltan sus hijos. Temeroso de que caigan en las manos de
En el segundo acto, la noche sorprende a Hansel y a Gretel mientras juntan fresas, y ya no saben como regresar a la cabaña. En la versión musical de la historia, Hansel no ha dejado rastros para encontrar el camino de retorno, tal como hace en la historia original, conciente de los planes de su padre y de su madrastra. En el cuento, los pájaros arrasan con los rastros y los hermanos ya no pueden orientarse. En esta ocasión el descuido es más simple: a los niños se les ha hecho tarde. Cierra este segundo acto un personaje que no aparece en el cuento: el duende de la arena.
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Con la ayuda del duende, los hermanos duermen en el bosque hasta el día siguiente, sin temor a la noche y a la oscuridad. A la mañana siguiente, y ya en el tercer acto, los despierta otro duende: se trata del duende del rocío.
Cuando los últimos rastros de niebla matutina se dispersan, aparece entre los árboles una casa de mazapán. Al verla, Hansel y Gretel corren emocionados y, tras algunos titubeos, comen de las paredes y ventanas de la casa.
Una voz desde el interior les habla. ¿Quién está mordisqueando mi casita?
Es la bruja que, en silencio y mientras los niños comen distraídos, se acerca por detrás y apresa a Hansel con una soga. Luego intenta sobornarlos con dulces y golosinas, y los invita a entrar en la casa. Desconfiados, ellos se resisten. Al intentar escapar, la bruja los inmoviliza con un hechizo y encierra a Hansel en una jaula, donde piensa alimentarlo hasta que esté lo suficientemente relleno como para asarlo en su horno mágico, que todo lo convierte en galletas de mazapán. Mientras tanto, planea cocinar a su hermana empujándola dentro del horno.
Pero los astutos hermanos, ya libres del hechizo, se las ingenian para dar vuelta los papeles y es la bruja quien termina achicharrada. Las llamas arden con fuerza y el horno explota de repente, dejando libre a un grupo de niños cubiertos de costras de mazapán. Este último acto es, hasta aquí, bastante fiel al original. Sin embargo, hay un final más alegre y cercano al espíritu navideño.
El cuento de los hermanos Grimm, aún con final feliz, tiene un dejo amargo. Los niños, una vez desaparecida la bruja, regresan a su casa y se reencuentran con su padre. Su madrastra ya ha muerto, por causas desconocidas. En la ópera, en cambio, tras la muerte de la bruja, Hansel y Gretel están bailando felices, cuando se oye la voz de su padre fuera de escena, llamándolos. Todos se abrazan y hacen las paces, incluida la madre, mientras un grupo de niños saca del horno una galleta gigante con la forma de la bruja.
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